DE LA OSCURIDAD DE SU HABITACIÓN AL PALACIO DE BUCKINGHAM

Santiago García es un runner que pasó de vivir encerrado mirando películas y series a tener una columna propia de cine y running en el programa de Jorge Lanata en Radio Mitre. En 2009 corrió su primera carrera que le cambió la vida radicalmente. Seguido por mucha gente, escribió tres libros que fueron best seller y está por terminar el cuarto. Hincha fanático de Independiente, de marcada ideología política, nació en el conurbano pero se dio cuenta que su lugar estaba “donde pasan las cosas” y desde que se metió en el running, vive en Palermo.

Santiago Garcia en Revista Desafios

Santiago García una vez finalizada la Bank of America Chicago Marathon 2016 con nueva marca personal: 02:51:17


Ahí está, esa sombra que es iluminada por la pantalla, esa silueta, es Santiago García. Quizás, en su colegio es el chico que más imaginación tiene a la hora de crear su mundo. Comedias, dramas, terrores, todo tipo de historias pasan como rayos por esa habitación. Pero el rayo más importante no pasa: el sol. Su piel no lo deja mentir.

Santiago no practica deporte –por ahora– es tv adicto y cinéfilo. Se la pasa mirando películas y series. Prefiere encerrarse y quedarse horas frente a la pantalla. Pero no siempre, a veces sale, y cuando sale juega a la pelota y anda en bici con sus amigos del barrio hasta que anochece. Son un poco irresponsables –qué importaba, si no era todo tan inseguro como ahora–.

Su perfil es bajo y, como dice él, el cinéfilo es poco sociable por definición. Su familia es chica, tiene dos hermanos con los que tiene poca relación –no se imagina de qué manera se relacionaría con ellos luego– y sus padres son hijos únicos. Vive en el conurbano y no hay partido que se haya perdido de Independiente como local. Va con su abuelo y con su hermano –no digan nada, pero es de River–. No se puede quejar, ve jugar a Bochini y Bertoni: los dos más grandes jugadores de la historia de Independiente –algo que va a recordar mucho cuando sea grande–.

En lo personal, no es muy bueno con la redonda. Es defensor pero se aburrió asique está probando arriba a ver si mete un par de goles –él sabe que lo suyo no es el fútbol–.

Ya tiene 16 años, lo principal en él siguen siendo las películas –tuvo que soportar un cachetazo de boxeador para reaccionar–. Sale de ver Rocky IV en el cine y en su cabeza no para de rondar una idea: Tengo que hacer deporte de cualquier manera. Se ve que su mundo fílmico dejó un poco de lugar para que la idea se mantenga en su cabeza– y vaya que se mantuvo hasta hoy–. Comenzó con sus amigos una exhausta búsqueda: ¿Futbol? no, ya son demasiado grandes para probar suerte por ahí. Intentaron handball y vóley, pero nada. ¿Básquet?

–Un enano como yo jugando al básquet es una cosa muy graciosa.

Descartado. Llegó al rugby. Tres años jugando de hooker en el Club Argentino de Rugby de Avellaneda. Su mejor momento deportivo en la adolescencia –No sabe lo que le espera–. No falta a ningún entrenamiento, sin embargo, deja. –También sabía que el rugby no era su deporte–.

En el medio estudió diseño de imagen y sonido en la UBA. No le gusta el conurbano, no se siente cómodo y decide ir a vivir a Capital. Ahí sí se siente bien, es su lugar. Le gusta estar donde pasan las cosas, le gusta el centro, el movimiento, el subte –parece que el cachetazo de Rocky hizo efecto–.

Santiago Garcia en Revista Desafios

Santiago García: "Gracias sobre todas las cosas al maratón, que es lo que más amo hacer en este mundo"


Cuando era más joven y hacia el test de cooper, sabía que tenía un talento y lo notaba. Pero no le parecía que iba a ninguna lado –el running no estaba tan desarrollado como ahora– fue a una clase de atletismo y nada. Él, sólo corría por rugby. En realidad no sabía que estaba corriendo.

Hasta que un día sí se dio cuenta.

Cuando está de mal humor, deprimido, o se pelea con su novia sale y corre sin ton ni son. Sale y corre noventa minutos. Y al otro día otra vez noventa minutos. Y al otro día no. En realidad, no volvió a correr hasta el otro año. Totalmente desordenado.

En el 2008 empezó a correr decididamente. Un año después corre su primera carrera –y nunca más paró–. Ahí explota todo. Durante mucho tiempo le insistieron para que se anotara. Me parecía ridículo estar en pantalones cortos rodeado de cinco mil personas, me daba mucha vergüenza. Finalmente aceptó. Santiago García estaba con los pantalones de futbol, un reloj de aguja y las zapatillas que usaba. No pensaba que existieran zapatillas para correr –en ese entonces ni por sus películas aparecía el running–. Terminó la carrera.

–El momento que crucé la meta me cambió la vida para siempre. Para siempre.

A partir de acá comenzó una nueva película, pero en ésta no está sentado en la oscuridad debajo de la pantalla, ésta es real, y él es el protagonista.

Ese mismo año en siete meses corrió veinte carreras. Su vida dio un gran giro. El running lo llevó a correr por Latinoamérica, Europa y Japón. En Argentina hace un par de años ya que lo invitan a distintas carreras. Corrió the six majors –las seis maratones mundiales– por Londres, Berlín, Boston, Chicago, Nueva York y Tokio, donde hizo su mejor marca. Cuando llegó a Tokio, se acuerda de estar solo en el aeropuerto con las valijas y decir: hasta acá me trajo el running. Pudo ver en su cabeza hasta dónde lo llevó correr. Vi el mapa, vi el planisferio que todos tenemos en la cabeza –conoció el mundo que veía sólo por películas–.

A veces viaja solo, si va con amigos buenísimo, pero si no, no pasa nada. Cuando se pone una carrera en la cabeza, la corre –cuando se pone algo en la cabeza, lo hace–.


–Le gusta el running y va a ir a fondo, no es una persona de medias tintas. A todo o nada con todo… con lo que le gusta, la familia, amigos, todo. Cuando algo lo apasiona no lo podés parar– explica Sofía Cantilo, su amiga del alma.

Para él no todos tienen que sentir la misma pasión por el running. Una pasión que lo llevó a escribir dos libros que fueron best seller. Ya está trabajando para el que va a publicar el próximo año. Algo que nunca se imaginó –si alguna vez escribía un libro, pensó que iba a ser de cine–.

Llega su amigo, Marcelo Panoso, que había trabajado con él en un par de revistas de cine y mediante un café le pregunta: ¿Podés escribir un libro sobre running? ¿Tenés idea?. Santiago no lo dudó. Llegó a la casa, se puso las zapatillas y corrió una hora. Volvió, se sentó y escribió el índice entero. De una punta a la otra. Lo envió y luego de un llamado de aprobación comenzó a trabajar. Eso fue: ‘Correr para vivir, vivir para correr’. La primera edición se agotó. La segunda también. Y están trabajando en la tercera con cambios y ampliaciones.

Ahora se encuentra escribiendo su cuarto libro. En este sale a buscar otra cosa. Busca ayudar a todos los que están haciendo el mismo camino que él. Historias personales, otras cercanas a él y sobre todo, quiere hacer entender a la gente que disfrute de este deporte. Para él, se trata de difundir lo que más ama. Lo que lo hace feliz en la vida. Tanto sus libros como sus columnas de cine, series y running son eso: difundir lo que más ama. Nada le provoca más alegrías que sus libros. La gente se lo reconoce cada vez que lo cruzan en la calle. Sus amigos aprovechan todo esto para cargarlo. ¿Vos sos Santiago García?, me dicen ellos –se ríe–.

Santiago Garcia en Revista Desafios

Competir lo hizo desarrollar habilidades nuevas. Santiago García.


Sin imaginarlo, el running se volvió su profesión.

Santiago García es muy introvertido, patológicamente tímido –así se auto define–. Pero esto no lo saben todos – ¿quién se lo va a imaginar si trabaja en radio hace veinte años? –. Su lugar en el mundo lo encontró enfrente de un micrófono. Cuando está frente a él cambia abruptamente. Es expresivo, gracioso y charlatán. Nací para hacer radio. Es lo que más me gusta en el mundo. Puedo hablar siempre, no me paras más. Distinto es comunicarse con él. Casi que no habla por teléfono, evita ese tipo de conversaciones. Trata de solucionar todo por Whatsapp o mail –sí, costó arreglar este encuentro–.

Pasó por FM Tribu, Palermo y la Mega: como crítico de cine. Ahora trabaja en FM 1110 con Gustavo Noriega y Radio Mitre con Jorge Lanata tres días en la semana. En esta última entró por el running y tiene una columna de cine y series –idea propia que propuso en 2015– también. Además programa cine en el Cultural San Martín.

El running lo cambió. Es más sociable. De ir solo al cine ahora corre en un running team y está rodeado de gente todo el tiempo. Sale mucho más, viaja y se mueve en grupo. Hasta el 2009 fue pálido. Se escondía del sol porque le parecía una locura. Hoy tiene un color en las piernas que no se le va más. De tener una relación distante con sus hermanos –parte por la lejanía y parte por su timidez– pasó a verlos más que nunca. Sus libros y consejos los motivaron a meterse en este mundo. Los volvió apasionados como él.

Se levanta, desayuna y corre todos los días. Eso no lo negocia, no lo charla con nadie. Algún que otro viernes se toma libre. Después va para la radio –prepara todas sus columnas la noche anterior–. Mira películas, series, escribe. Pero correr es lo primero. Una vez que lo hizo se siente bien para hacer el resto. No se imagina vivir y no correr. Dentro del running es considerado como uno de los más locos. Su futuro se lo imagina con más libros, muchos más kilómetros en sus zapatillas –ahora sí tiene unas de running–, más experiencias y aprendizajes. Además, quiere pasar más tiempo en su ciudad favorita: Londres. Allí vivió una de sus carreras más emocionantes. En 2013 completó los últimos 500 metros del maratón frente al Palacio de Buckingham bajo la mirada de un espectador de lujo alentándolo: su papá.

No era una película, él no era el que miraba, su silueta ya no estaba iluminada por la pantalla sino por el rayo de sol. Definitivamente él es el nuevo protagonista.

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Autor Federico Cortes

Redactor y editor de Revista Desafíos.
Community manager de Revista Desafíos, FC Producciones, El Desafío Cross Trail y Maratón de Montaña.
Periodista.

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