JONATAN MORTARINI: “ENTRE LA LARGADA Y LA PREMIACIÓN VIMOS TODOS LOS ESTADOS DEL CIELO”

Como suele ocurrir con muchos corredores, Jonatan Mortarini, comenzó a correr –según sus palabras: se transformó en runner– hace dos años y medio. Los últimos finales de la carrera de grado y la gran cantidad de trabajo provocaban que al final del día esté muy cansado de la cabeza. –Era cansancio cerebral, mental– explica. Es por eso que para despejarse un poco empezó a trotar, a correr por su barrio, Lomas de Zamora, hasta que se convirtió en un hábito. Dos meses después estaba anotado en los 10k de UNICEF. Lo que parecía ser un disfrute con amigos, lo sorprendió: finalizó entre los primeros 30 con un tiempo menor a los 40 minutos. Su objetivo cambió, ahora en el horizonte estaban los 21k, después de ahí, no paró.

Jonatan Mortarini

Jonatan Mortarini corriendo los 90k de la Altántica Ultramaratón. Foto: Diego Winitzky


En 2015 se realizó la primera edición de la Atlántica Ultramaratón: 120k, 90k, 45k, 21k por la playa en la costa argentina. A Jonatan Mortarini se la recomendaron para que se anote. Su respuesta fue: ¡No! Yo no puedo correr eso, las personas que hacen esas carreras es porque tienen una deuda personal o porque están mal de la cabeza”. Fue un rotundo no, y un: nunca me voy a inscribir en una carrera así. En 2016, segunda edición, su nombre figuraba en la lista de inscriptos para los 90 kilómetros. Su cabeza había cambiado, necesitaba una carrera larga, más allá de 40 kilómetros, en donde despejar la mente, por mucho tiempo.

Pero… ¿pasó de un objetivo de 21k a uno de 90k? ¡No! Hay mucho entre medio.

Como decía, su horizonte estaba puesto en los 21k. Él quería correr una media maratón, su segundo objetivo. Más precisamente la media maratón de los sudamericanos, en abril, fue la elegida. Una carrera que se corrió el 27, un día después de su cumpleaños. “No festejé mi cumpleaños por correr los 21k, dije, todo bien, pero a las 8:30 estaba comiendo un plato de fideos y me estaba yendo a dormir; creo que así empezó la locura”.

Cambiaste muchos hábitos desde que sos runner, ¿no?

“Muchísimos, el tema de la vida social, aún hoy me toca elegir entre salidas e ir a entrenar y siempre se me hace muy difícil. Y muchas veces esas son las cosas que uno se acuerda en las carreras. En el momento que uno está cansado te acordes y decís: “hay que hacer valer ese día que elegiste irte a dormir temprano para levantarte a las 7 de la mañana un día de 8 grados, calzarte una remera de manga larga y salir a correr al Parque”. Acodarte de esos momentos que la pasaste muy mal y hacerlo valer durante la carrera”.

Jonatan Mortarini es una persona que constantemente se plantea objetivos, busca superarse, probarse a sí mismo. Una vez superados los 21k fue en busca de los 42k. Otro objetivo cumplido, pero… ¿quedarse con eso?, nunca.

Jonatan Mortarini

Jonatan Mortarini luego de finalizar El Cruce Columbia 2016.


Cualquier corredor fija una competencia, lo analiza, se prepara y de acuerdo a eso decide si inscribirse o no... ¡vos haces todo lo contrario!

“A veces dicen que si lo pensas dos veces no lo haces, yo lo pienso media vez, cuando me anoté la última gran locura fue el IronMan 70.3 (Disciplina que combina ciclismo, natación y running) de marzo. Me levanté un lunes, vi la publicación de que se abrían las inscripciones y dije: “tengo que entrar acá”, es un desafío muy grande y me gusta porque los desafíos en general hacen que saque la mejor versión de mí”.

Sí, pero... te inscribiste sin tener una bicicleta

“Sin bici y sin saber nada (se ríe). No hay mayor desafío que eso. No sabía qué podía pasar, me anoté sin tener una bici, una locura. Pero lo termino disfrutando, es parte del disfrute del running y del tría que estoy empezando a valorar. Antes del 70.3 había competido en el Triatlón Panamericano, son desafíos totalmente distintos a los que venía haciendo. No los tomo como un único desafío sino como una combinación de desafíos, es un deporte que combina mucho más que 3 disciplinas. Hay mucho que saber a la hora de afrontar una competencia así, mucho acerca de la de la natación, la bici y el running. Todo esto hace que me tenga que comprometer mucho con la preparación y que en las competencias aún tenga falencias, pero confío en que las mejoraré en breve. Lo que yo busco es comprometerme, y el compromiso es la inscripción, me inscribo y me obligo a mí mismo a hacer un buen papel, no a llegar o a terminar. Por más que mucha veces lo termino diciendo, socialmente. Lo mismo me pasó con El Cruce, vi la inscripción y dije: tengo que estar ahí”. También me inscribí sin saber nada, es más, había usado una sola vez unas zapatillas de aventura, nunca había hecho unas cuestas. No sabía lo que era el desnivel, más que el del Parque de Lomas, que no debe tener más de 10 metros. Lo tomé también como un gran desafío, y ese fue uno de los mayores, fue una experiencia muy muy dura”.

Ahora su objetivo había cambiado –nuevamente–, Jonatan Mortarini quería una carrera larga, más allá de los 40 kilómetros, en donde pudiera despejar la mente. Ir a un ritmo tranquilo y que dure mucho. Necesitaba poner a prueba su resistencia y este era el desafío ideal porque no tenía desniveles, la única variable era el clima.

Podía tocar cualquier cosa y la verdad que el clima fue un poco hostil, viento en contra durante los 90k y siempre en aumento. A lo último era fuertísimo. No permitía avanzar con normalidad y la arena estaba cada vez más blanda y las piernas se empezaron a aflojar… fue una carrera muy dura. La pensé como eso, sabía que iba a durar al menos 9 o 10 horas, y era lo que necesitaba, por eso me inscribí.

¿Qué pensaste mientras te cambiabas en el arco?

“Lo mismo de siempre: ¿qué hago acá?. Todas las carreras pienso lo mismo, ¿Por qué no soy normal? Quiero ser un pibe normal, que un domingo cualquiera está durmiendo hasta las 12, 1 del mediodía. El día anterior me fui a dormir a las 7 de la tarde, para levantarme a las 3 de la mañana lo más fresco posible, o sea, eran las 6 de la tarde y yo en vez de estar merendando unos churros bañados en dulce de leche, estaba con un plato de fideos y yéndome a dormir. Llegamos al lugar de la largada y estábamos los 40 que íbamos a correr, nos mirábamos y pensábamos: “estamos locos, somos 40 personas locas que están mal de la cabeza y que van a largar y hacer un desafío que no tiene razón de ser”. ¿Qué persona en su sano juicio corre 90 kilómetros? y así fue”.

"A veces dicen que si lo pensas dos veces no lo haces, yo lo pienso media vez".

Jonatan Mortarini

Click to Tweet

En esas 10 horas debe haber gente que hizo de todo mientras vos seguías corriendo...

“Sí, en esas 10 horas yo calculo que hubo gente en el medio que se fue a dormir, se levantó, desayunó, fue a entrenar, volvió, almorzó, durmió la siesta y yo… seguía corriendo. Salí a las 6 de la mañana y eran las 4 de la tarde y recién estaba llegando, asique en esas 10 horas había gente que hizo mil cosas, mientras yo corría y comía barritas de cereal. Una locura”.

Jonatan Mortarini

Jonatan Mortarini comenzó a correr para distraerse, hoy es una gran runner.


¿Cómo fue la largada?

“La largada fue rara, cruzamos en lancha la laguna de Mar Chiquita y a mí me tocó la tercera tanda de cruce, cada largada tardó más o menos 10 minutos así que yo salí media hora después del primer pelotón. Ya sabía que el primero me llevaba, mínimo, 30 minutos. Mi objetivo era alcanzarlo. Por eso en el primer puesto de control ya iba segundo y no quise ni parar, me ofrecieron agua, comida, de todo, la organización estaba muy completa, pero no, pregunté cuánto me llevaba el primero y me dijeron que pocos minutos asique estaba muy ansioso, entonces seguí”.

¿Te fuiste planteando distintos objetivos dentro de la carrera?

“Sí, una vez que alcancé al primero dije: bajemos el ritmo porque vengo muy rápido. Traté de mantenerme. El objetivo al principio era muy largo, los primeros eran a 20, 25 kilómetros y a lo último, con el cansancio, bajó a 2 kilómetros, a poder trotar de manera continua y a un buen ritmo intercalando con alguna caminata. Esa fue la peor etapa. En el primer puesto, como te dije, no paré, en el segundo paré 2 minutos y así iba incrementando, en el que más pare fue en el puesto de geles: 3 o 4 minutos”.

¿Cómo te manejaste con la música?

“Días anteriores armé un playlist de Spotify muy estratégica, no eran temas cualquiera, lindos o que sonaba bien, intenté llevar temas que me hagan pensar, temas que identifiquen una parte de mi vida y me hagan acordar eso. Yo sabía que iba a estar muchas horas corriendo y necesitaba pensar, más que escuchar música. Y en ese playlist, que duraba 22 horas, podía salir cualquier cosa, estaba en aleatorio.

Me ayudó un montón, sin música no lo podría haber hecho, en el único momento que dejé de escuchar fueron en los últimos 10 kilómetros. Era necesario porque corrí 10 horas sólo, sin nadie, al principio me cruzaba corredores de 120k o de 90k pero a lo último nadie. Era mirar para adelante y no ver a nadie, mirar para atrás y no ver a nadie, a la izquierda la arena, a la derecha mar. Nada más. No existía nada”.

¿Cómo funcionó tu cabeza?

“Oscilaba de la confianza total de decir: esta carrera la puedo hacer de manera tranquila… esto es el infierno, iba y venía, de estar muy confiado a no lo voy a poder hacer, todo el tiempo. Hay muchas cosas que se te vienen a la cabeza, pero las feas, son las que más fuerza me dan. Acordarme de esos entrenamientos que las pasas horrible, o momentos malos de la vida, hacen que durante la carrera me saque lo mejor de mí. Pasaste esa barrera en ese momento, tenés que poder ahora, como usaste la fuerza ahí, la tenés que usar ahora. Trato de usar la energía a mi favor y no en contra”.

Cuando Jonatan Mortarini pasó el muelle de Gesell le faltaban 21 kilómetros. Él sabía que iban a estar sus viejos para animarlo. Un par de palabras, un beso, un poco de aliento y siguió. Pero ese parate, en vez de favorecerle, le jugó en contra: sus energías habían caído. Creo que del kilómetro 70 al 80, fueron los peores 10k de mi vida. Ya estaba muy cansado, caminaba mucho, trataba de que, por lo menos, las caminatas sean lo más rápidas posibles. Buscó alargar el paso, pero la arena estaba muy floja y él tan cansado que llegó a dormirse caminando. Algo que nunca le había pasado.

Era desesperante– me explica Jonatan Mortarini en un café de Lomas de Zamora, merendando después de haber hecho natación como preparativo para lo que se le viene en el IronMan.

Pero eso no fue lo que más le preocupó. Llegando al último puesto de control, se dio vuelta y vio que se acercaban el 2do y el 3ro. Él, creía que venía liderando de manera cómoda la carrera y de un segundo al otro sintió que se le caía, que en ese momento no era y que iba a tener que esperar un año más. No se me pueden escapar– dijo, llegaron al puesto de control, los 3 juntos, chocó la mano con el segundo –pero esta vez fue distinto a la vez que se chocaron en la largada: aquella oportunidad fue en deseo de buena suerte, pero ahora era un: que empiece la batalla– y no paró ni un segundo, firmó y siguió. El segundo lo vio y salió corriendo detrás de él.

¿Qué hiciste en ese momento?

“Sabía que no podía aflojar y la estrategia conmigo mismo fue: con todo. Por lo menos los primeros 3k, no darle chance, ni que presienta que yo podía llegar a caer, ni siquiera presentirlo yo mismo, y así se dio, por suerte. Los primeros kilómetros fueron muy duros, trate de usar la bronca que tenía conmigo mismo porque se me estaba yendo de las manos lo que venía gestando durante más de 9 o 10hs, para sacar lo mejor de mí en los últimos 10k, y ver cómo de a poco se iban alejando me dio confianza y no bajé el ritmo. Ni cuando me dijeron que estaba a 200 metros de la llegada lo bajé, no me lo permití. Llegué con más bronca que alegría”.

Cada momento que el cielo cambió, vos lo viste...

“Vi todo, entre la largada y la premiación vi todos los estados del cielo todos, desde el amanecer hasta el atardecer y anochecer, una experiencia increíble correr tanto tiempo en la playa. Fue muy lindo. La llegada la empecé a disfrutar cuando vi a mi viejo, primero lo vi a él y después al arco. Verlo y escucharlo antes de la llegada fue muy emocionante. Creo que la parte más emocionante fue cuando lo escuche decir “ganamos”, y no era ganaste. Era ganamos, yo no ganaba, siempre tengo claro que esas carreras así uno no está solo, uno va con la familia, los amigos; si bien uno corre solo, hay mucha gente que viene aceptando que la relegues en momento importantes porque te vas a entrenar o tenés una carrera. Mis viejos saben que primero está entrenar y después siempre me hago un hueco para lo que hay que hacer, la vida familiar y la vida social. Por eso digo que uno va acompañado aunque corra solo. Cruzar la meta, abrazarlo y ver que estaba mi vieja también fue muy emocionante, creo que recién ahí se me fue un poco la bronca que cargaba de los últimos 10k”.

8 barritas de cereal, 4 o 5 geles de glucosa y agua, más dos relojes con GPS, fueron las cosas que necesitó Jonatan Mortarini para ganar los 90 kilómetros de la Atlántica Ultramaratón. ¿Por qué dos relojes? Él sabía que uno sólo no le iba a aguantar, como estos relojes tienen muchas funciones, consumen mucha batería, y así fue como en el kilómetro 50 ya casi estaba agotada. Por eso, concluyó los últimos 40 k con el otro reloj. En la segunda edición de la competencia, Jonatan Mortarini logró llegar primero en un tiempo de 10 horas 3 minutos 23 segundos.

Otro objetivo fue cumplido, pero no, tampoco se conformará con este. Ya fue parte, en marzo de este año, del IronMan 70.3 de Buenos Aires. Sin embargo, en su calendario, ajustado de entrenamientos y trabajo, está marcada una fecha: 3 de diciembre de 2017. Fecha que buscará sacar todo lo que tiene y obtener una buena marca en el Ironman full de Mar del Plata; su máximo objetivo desde que comenzó -y que poco imaginaba- hace dos años, cuando se anotó a los 10k de UNICEF.

FOTOS: DIEGO WINITZKY

REVIVÍ EN PRIMERA PERSONA, EL RELATO DE JONATAN SOBRE EL IRONMAN 70.3 Y SU PREPARACIÓN:

- De Los 10K a completar un medio Ironman en sólo 3 años -

“Soy consciente de que en carreras así uno no está solo”

Disfruté un montón estar con mi familia, la primera vez que vivimos una carrera juntos fue en el Raid de los Andes 2015. Ellos siempre me insistieron con ir a conocer el norte y yo siempre decía que no tenía tiempo. Cuando vi la inscripción, les dije: “vamos a conocer el norte, pero tengo una carrera, hacemos turismo, pero yo voy a correr”. Les encanto. Conocimos un poco y cuando llegó el momento me sentí piloto de carrera porque era como que atrás tenía todo un equipo: mi vieja con la ropa, mi viejo yéndome a comprar la comida y mi hermana preparándome todos los insumos para la carrera. Estaba buenísimo, lo empezamos a vivir así y desde ahí que no paramos. Fuimos a El Cruce de los Andes, ahora los 90k e hicimos varias carreras y los seguimos disfrutando. Ahora, cada vez que surge un desafío, implícitamente están ellos. Cada vez que me anoto en una carrera es: “bueno che, tal fecha compito y ya saben que tienen que estar ahí”. Cruzar el arco y ver a mis viejos, a mí me pone bárbaro.

Datos de él...

Jonatan Mortarini es Ingeniero industrial. Posgrado de ingeniería en procesos, actualmente terminando una maestría en dirección estratégica y tecnológica. Además, es jefe de Producción de South America Implants, una empresa de implantes quirurjicos nacionales.

MIRÁ LA NOTA EN REVISTA DESAFÍOS DIGITAL

- IR A ISSUU.COM -

¿Qué te pareció la nota?

- CONTANOS EN LOS COMENTARIOS -

Autor Federico Cortes

Redactor y editor de Revista Desafíos. Community manager de Revista Desafíos, FC Producciones, El Desafío Cross Trail y Maratón de Montaña. Periodista.

Lee además

Maria Jose Rutilo

MARÍA JOSÉ RUTILO: “HAY TANTO POR HACER”

Seguramente muchos de nosotros pensamos parecido a ella o algunas de nuestras ocurrencias se conectan …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *