DE LOS 10K A COMPLETAR UN MEDIO IRONMAN EN SÓLO 3 AÑOS

Jonatan Mortarini (29) es un ejemplo de que con perseverancia, ganas y entrenamiento, los impedimentos se los pone uno mismo. En 2014 corrió sus primeros 10k y tres años después completó el medio IRONMAN y se inscribió para, a fin de año, participar del IRONMAN FULL. En esta crónica nos cuenta un poco de su recorrido.

Jonatan Mortarini Ironman

Jonatan Mortarini en la acreditación del Ironman 70.3.


Aún no sé cómo termine acá. El inicio fue muy distinto a lo que actualmente estoy viviendo y no fue algo planeado de ante mano, fue surgiendo. En marzo del 2014 corrí los 10km de UNICEF, esa fue la primera carrera a la cual llegué con un entrenamiento previo. Justo 3 años después, el 12 de marzo del 2017 hice mi primer medio Ironman, competencia que junta 3 disciplinas: 1,9km nadando, 90km en bici y 21km de running. El trayecto para pasar de un tipo de competencia a otro estuvo plagado de carreras: desde 7km hasta una ultra maratón de 90km, pasando por carreras de aventura como son El Cruce o el Raid de Los Andes; varias medias maratones y unas tantas maratones.

Como dije, nunca pensé en terminar compitiendo en un triatlón, siempre lo vi muy lejano, algo casi imposible. De hecho en el 2016 fui voluntario en la primera edición del Ironman 70.3 de Buenos Aires y simplemente por estar ahí se encendió unas ganas muy fuertes de ser parte de la competencia, pero desde adentro. Tuve que esperar 2 meses para poder inscribirme en lo que iba a ser la edición 2017. Cabe destacar que para ese entonces yo no contaba ni con una bicicleta ni con experiencia sólida en la natación. El desafío iba a ser muy grande pero estaba preparado como para afrontarlo.

El proceso entre la inscripción y la competencia fue muy largo, duros meses de preparación en donde pasé de tener un régimen que ya dominaba como era la planificación para competencias de running a planificaciones cargadas de dobles turnos en donde debía combinar disciplinas para poder ir adaptando el cuerpo a la exigencia de la competencia. No fue fácil. El comienzo fue alentador, imagino que fue por la motivación de estar afrontando algo nuevo y muy desafiante, pero con el paso de los días se tornó mucho más pesado. Poder combinar 2 sesiones de entrenamiento con mi vida diaria que, como mínimo, tienen 10hs de trabajo y sumado a otros tipos de actividades hacían que dude si podía cumplir con todo; pero eso fue mi fuente de motivación para poder salir adelante en aquellos días en donde el cuerpo pedía quedarse en casa descansando y no levantarme un sábado a las 5 a.m. para poder estar en el velódromo a las 6 a.m. dando vueltas con la bicicleta y posteriormente salir a hacer un fondo de running. Es cierto que sufrí en varios entrenamientos pero siempre tenía en la cabeza la fecha deseada: 12 de marzo del 2017.

Es necesario hacer competencias previas, me inscribo en el Triatlón Olímpico Panamericano y en el famoso triatlón de La Paz.

Llega la primera competencia y recién ahí me doy cuenta de la locura en la que me metí, esto no va a ser para nada sencillo, sufrí mucho la etapa de natación, saliendo entre los últimos 10 competidores. Lloro dentro del agua, el hecho de pensar que me está viendo mi familia pasando tremendo papelón me da mucha vergüenza e impotencia. Es justamente esa mezcla de sentimientos los que hacen que al momento de agarrar la bicicleta salga a un ritmo que hasta el momento nunca había tenido, sobrepaso a muchos atletas durante esta etapa pero en el running a muchos más, es que se trata de mi disciplina favorita y me siento muy fuerte. La conclusión de la primera competencia es mala, al parecer no estoy como me gustaría estar, lo bueno es que aún restan varios meses para la gran competencia.

Jonatan Mortarini Ironman

Jonatan Mortarini en el Hotel Wyndham Nordelta, Tigre.


En La Paz vuelven los miedos antes de la largada, pensar en que se puede repetir lo del segmento acuático del Panamericano me hace estar intranquilo. Entro al agua y solo pienso en hacer mi negocio, inclusive esas son las palabras que me repito una y otra vez en mi cabeza: “hacé tu negocio, brazada a brazada, sin desesperar, pero avanzando”. Es que el objetivo era no cometer ningún error, no tener accidentes y nada que opaque la fiesta que se vive cada año en la tierra del triatlón.

Pasan las competencias y ya entro en la recta final de la preparación para la gran competencia, semanas colmadas de horas y horas arriba de la bicicleta, muchos kilómetros corriendo y varias sesiones de pileta. A medida que los días se aproximan no puedo evitar sentir cada vez más miedo, el desconocimiento de la distancia hace que el temor se acreciente una y otra vez. Hago simulacros y no salen bien, me siento cansado, fatigado, sin fuerzas como para terminarlos, esto me preocupa pero confío en el plus que conlleva estar dentro de la competencia, la adrenalina que se vive estando dentro de un evento de este tamaño.

"La felicidad solo es real cuando es compartida".

Jonatan Mortarini Ironman

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Sábado 11 de marzo, día previo a la gran carrera, momento de retirar el kit. Me acerco con mi novia hasta la localidad de Tigre en donde se va a desarrollar la competencia. Con ella no paramos de ver grandes atletas con bicicletas que parecen salidas de una película futurista, me siento muy chiquito al lado de ellos y eso me hace sentir mejor, me quita presión, me hace saber que nuevamente voy a hacer mi negocio, disfrutar de la carrera y dejar el máximo que tenga.

Es cierto que un año antes había sido parte del evento como voluntario, pero ver el despliegue que desarrolla la organización es realmente sorprendente, no deja de asombrarme el nivel de detalle que llevan para montar un evento que mueve a miles de personas alrededor del mundo. El retiro del kit se realiza en el hotel Wyndham Nordelta, lugar donde se hospedan varios de los atletas internacionales que va a tener la competencia. Nos tratan de gran manera, los voluntarios hacen que todo sea mucho más sencillo, es bueno ver personas que están solo por las ganas que tienen y no porque les paguen, son corredores o inclusive triatletas que conocen las necesidades que tienen los competidores y se ponen al servicio de ellos para que no haya problemas. La ansiedad cada vez es mayor, el clima no es bueno, hay amenazas de lluvias e inclusive caen algunas gotas durante la jornada del sábado, por dentro pienso que es mejor (intento ser optimista), que llueva hoy y que mañana sea un gran día. Momento de dejar la bici en el parque cerrado, al dejarla lo único que me sale pensar es que la próxima vez que la vea voy a estar muerto de miedo: sentimiento natural horas antes de una competencia. La ansiedad me está matando, terminamos de almorzar con mi novia y le propongo ir a la charla técnica que va a ser en inglés, la de español es recién a las 15hs y no puedo esperar una hora más, quiero irme cuanto antes a mi casa, ya no soporto ver atletas, hacen que mi miedo se acreciente y no es algo que busque en estos momentos. Mi nivel escaso nivel de inglés hace que pueda entender lo básico, hay varios conceptos que en el ambiente ya se dicen en ese idioma así que me las rebusco para comprender por donde viene. Termina la charla y no pierdo más tiempo, llegar a casa y descansar es la prioridad de este momento. Al llegar sigo con los preparativos, hago uno de los entrenamientos más importantes: el mental. Me dedico a ver videos y películas motivadoras, necesito de ese combustible, y hablando de combustible no pueden faltar los fideos de la cena en la noche anterior, los como y a pesar de ser las 20hs, ya estoy en la cama.

Llega el gran día. Me levanto temprano, desayuno lo de siempre y salimos para Tigre con miedo y muchas ganas. Al llegar a la playa de estacionamiento hay micros esperándonos para transportarnos hasta el parque cerrado, allí nos juntamos todos los competidores sin importar si van a pelear el podio o si su único objetivo (y no es poco) es terminar la competencia. Los preparativos pre-competitivos en un Ironman son distintos a los que estoy acostumbrado a vivir en competencias de running. En el caso de las competencias de triatlón hay mucho que preparar: la bicicleta debe estar en óptimas condiciones, contar con los stickers de identificaciones, el casco, las zapatillas desajustadas y enganchadas para subirse de manera más fácil, el dorsal, las zapatillas de running, la gorra, y más… A diferencia de las carreras de calle que sólo hay que preocuparse de que las zapatillas estén ajustadas.

Se acerca la largada y el miedo se agiganta, saludo a mi novia y mientras estoy haciendo la fila para comenzar la competencia me encuentro con mi familia, vinieron todos y eso me gusta. La salida es de a 2, gran idea, el segmento de nado se hace mucho más sencillo y eso se nota, hace que no hayan tantos manotazos y golpes. Nuevamente busco hacer mi negocio, tratar de que la etapa de nado no me deje mal parado de cara al resto de la competencia. Por suerte salgo del agua sin inconvenientes, es cierto que fue algo lento, pero tampoco iba en búsqueda de grandes tiempos, hay que reconocer las debilidades de uno mismo e intentar mejorarlas.

Jonatan Mortarini Ironman

Ese momento en donde te das cuenta que todo el sacrificio, valió la pena. Ironman 70.3 completado.


Me quito el traje lo más rápido que puedo, me pongo el casco y con él la idea de que va a ser una etapa dura. Comenzó un viento muy fuerte que en la salida hacía que todo sea más fácil, iba a un ritmo alto, pero al momento de girar uno se encontraba con la mala noticia de que venía con viento a favor y que el regreso iba a ser complicado. Fueron 3 giros de 30km cada uno. En algunos momentos sentía que iba muy cómodo apuraba el paso y no me molestaba, pero en otros mantener el ritmo hacia que me exploten las piernas y aún quedaba una media maratón por correr. Después de casi 3hs arriba de la bicicleta logro concluir los 3 loops de la etapa de ciclismo, es hora de la media maratón, con más corazón que piernas, pero a dar lo mejor.

Se hace larga la transición 2, pierdo la gorra (quizás el único momento malo de la carrera), era especial, me la había regalado mi novia para que la estrene en carrera y llevarla en el último tramo de la competencia, para mí iba a ser muy especial, significaba que ella también cruzaba conmigo el arco, porque se había bancado que en muchos días yo prefiera irme a dormir temprano para entrenar al otro día o cancelar planes porque tenía entrenamientos de 2 o 3hs. Después de casi 4 minutos de transición salgo a correr, un poco molesto de cabeza, con las piernas sintiendo el desgaste de 90km de bicicleta y con el cuerpo algo débil, pero con una idea fija: hacer esos 21km lo mejor que pueda. El reloj deja de pasarme los indicadores ya que justo en medio de la carrera se queda sin memoria para almacenar los datos (este fue un momento donde dejo en claro lo novato que soy en esto del triatlón), el hecho de no tener los parámetros de carrera hace que no pueda saber con exactitud cómo viene mi rendimiento, si bien conozco mis ritmos y sé cuándo estoy haciendo las cosas bien o no, tener la precisión del reloj es vital para poder atacar algún problema lo antes posible. Llego al kilómetro 13 y nos encontramos con un trazado que es cómo una “W”, es decir, en una calle de 4 carriles, tuvimos que ir y venir 2 veces, esto fue una prueba de dureza para la mente, a esa altura todos queríamos terminar cuanto antes y estar ahí adentro era sentir que no salíamos más, que no avanzábamos. Salimos con ya casi 17km y a apretar con lo último que quede los últimos 4.

Pasamos por varios puestos de hidratación y cada uno de ellos era como que salíamos renovados, no tanto por las bebidas o alimentos que había sino por las palabras de aliento que recibíamos por parte de los voluntarios que como dije, en su gran mayoría también son corredores o triatletas que conocen muy bien las cosas que pasan por la cabeza de quien está compitiendo.

En la recta final sólo me sale pensar en el esfuerzo que hicieron todos para ir a verme, es cierto que yo pongo el cuerpo, pero esto lo hacemos todos, mi mamá, papá, hermana, cuñado y novia, todos ellos cruzaron conmigo, ellos hicieron que todo esto sea posible. Imagino que a muchos de los corredores les pasa lo mismo y creo que es lo que le da sentido a cada cruce de arco de llegada, porque como dice la frase: la felicidad solo es real cuando es compartida.

Autor Jonatan Mortarini

Ingeniero Industrial y triatleta.

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