ELISA FORTI: “ME PRESIONA MUCHO FALLAR Y PASAR VERGÜENZA”

En la cocina tiene una radio, en el living otra. También tiene una en el comedor. A veces se da cuenta que tiene todas prendidas y las apaga. Elisa Forti casi no mira televisión. Tiene cuadros de Italia pintados por su padre y muchos premios y medallas de carreras. Un sinfín de fotos de sus nietos, de sus hijos y de sus padres. Carteles en la pared que guarda desde aquella vez que la esperaron en el aeropuerto para recibirla luego de participar de la carrera de aventura más importante del continente. 104 kilómetros en 3 días.

Este año Elisa Forti la completó por tercera vez.

Elisa Forti en Desafios Tv

Elisa Forti es ejemplo de vitalidad y actitud y lo demuestra acá: en la cima de una montaña en El Cruce. 


Su quinto piso en Vicente López guarda mucha historia, pero sobre todo, mucho presente. Elisa Forti tiene 81 años, entrena con dos grupos de entrenamiento semanalmente, es inquieta y sencilla.

Confiesa, con su tono aún algo italiano, que le presiona mucho “fallar y pasar vergüenza”. Además, cuando va al río y quiere desahogarse, se cuelga en un árbol o va caminando y llorando cuenta sus penas para luego volver “vacía y liviana”.

-¿Qué toc o miedos te genera competir?

-La noche antes de correr me agarra el toc. Me digo a misma: estabas lo más bien hasta acá, entrenando... ¿qué te metiste en esto? Porque es mentira si digo que estoy de lo más tranquila. Más conociéndome como la “nona que corre”. Me presiona mucho fallar y pasar vergüenza.

Entonces, a la noche me agarran esos temores. Pero cuando te encontrás delante del arco, ya contando los minutos de la salida, ese nerviosismo, ya te entra el fuego en las venas (sonríe). Y te olvidas…

Ahí realmente agradezco a mis amigos que se fueron por haberme ayudado. Me siento muy orgullosa de mí misma y más fuerte que de costumbre, porque si vencí los miedos de anoche, vencí los temores, y todas esas cosas y llegué…

Mi meta no es ganar, es llegar… para mi llegar es ganar todo. Al llegar me siento fuerte para todos los sinsabores que la vida te pone por delante diariamente o no.

-Corriste por tercera vez el Cruce de los Andes, ¿sufriste algún tramo?

-Ante todo, la gozo y no la sufro. En la organización no falta nada. Lo que te rodea, que yo amo la naturaleza, no le falta nada. La hicimos por tres lugares distintos y los tres fueron una belleza distinta. Yo nací en la montaña del lago di Como así que amo estar trepándome por la montaña. Y sobre todo… ¿Sabes cuándo gozo? Cuando bajo… ahí es cuando más disfruto.

Es llenar mi alma de belleza, no me interesa la foto, me interesa almacenarla en mi mente, y todos esos momentos los tengo almacenados.

-¿Es la carrera más dura que corriste?

-No es tan dura, se hace muy amena por lo que te rodea. Este año fueron muy bravos los 4 kilómetros de la tercera etapa. No había ni un árbol, ni una piedra y era así (gesto hacia arriba). Ahí llegue a hacer 2.800 metros en subida, pero después el premio que tuvimos para bajar en un valle lleno de margaritas hace que te olvides todo lo anterior. Entonces en ese momento que el piso te pide esfuerzo lo haces, caminas, te trepas como puedas.

Siempre viene un regalo, acá en el norte (Corrió el Raid de los Andes, carrera dividida en 3 días con unos 62 kilómetros aproximadamente) la subida esa en zig zag (gesto con la mano) es interminable, pero esa bajada entre montañas llena de piedras verdes, te olvidas de todo….

"Al llegar me siento fuerte para todos los sinsabores que la vida te pone por delante diariamente o no."

Elisa Forti

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-¿Llegaste a un punto de no poder más?

-Sí... El año pasado en ese pedazo, en El Cruce de los Andes. En las otras ya no me acuerdo, y este año acá en el Raid soplaba mucho y con la gripe que tenía me costó. Sinceramente cuando llegué a las Salinas (3ra etapa del Raid), 3.400, 3.330, (suspira) no respiraba, y dije: “ni se me va a ocurrir hacer un paso de carrera, la terminaré caminando ligero”. Y así fue, terminé la carrera junto a dos personas más. Lo hicimos caminando los tres. Charlando y contando nuestras cosas y cuando llegamos… fue la primera vez que lloré. Los tres nos abrazamos y lloramos como nenes.

-¿Cómo es un día en tu vida?

-Menos estar tranquila, es como todas las amas de casa. Me levanto y me voy al rio a trotar una hora, todos los días. Algo que hacía antes de correr. Es mi forma de lavarme el cerebro. Después las cosas de casa. Trabajo en lo de mi hija donde llevo la contabilidad. Además voy a su consultorio a hacer elongación y equilibrio. Que a nuestra edad… viene bárbaro. No soy capaz de terminar una carrera y elongar, me olvido siempre (se ríe), asique viene bien. Las compras, las comidas, la casa… y si me queda tiempo coso. Coso para las amigas, arreglo ropa, me entretiene muchísimo. Pongo la RAE único momento que pongo la televisión y me relajo… me descansa físicamente, y me arregla la cabeza bastante. En la televisión argentina me pudrí de ver tetas y culos.

Elisa Forti en Revista Desafios

Elisa Forti se levanta todos los días y se va a entrenar.


-¿Te perdés algo por estar en este mundo del running, viajando casi una vez por mes?

-No pierdo, gano. Gano porque voy con gente de todas las edades, comparto desayunos, cenas, que acá siempre estoy sola. Me gusta viajar. Asique, ya una vez por año me voy a Vigo, España, donde está el mayor de mis hijos. Ahí no hay ciudad, me encanta ese tipo de lugar. Entonces casi siempre me voy porque tengo a los nietos mayores y bisnietos allá. Estoy bastante afuera.

-¿Cambiarías algo de tu vida?

-Nene… yo te juro, que jamás pensé que a los 81 años estuviera viviendo tan plenamente. Qué querés que cambie…

-¿Hubieras adelantado algo? Por ejemplo, empezar a correr antes…

-¡No! ¿Para qué? Si lo estoy gozando ahora, y si antes lo gozaba con tenis, con natación y con vóley. Vóley lo hice hasta los 70, desde los 15. A los 72 arranqué en el running por una kinesióloga que trabajaba con mi hija que se iba a Villa La Angostura y yo en mi cabeza digo, no conozco, debe ser hermoso. Hinche para que me llevaran y me llevaron. Conocí el ambiente, entrené con ellos dos días. El entorno me encantó. De ahí que empecé a entrenar con Gabriel Szkolnik todos los sábados y sigo hasta el día de hoy.

-¿Te imaginás tu vida sin deporte?

-No lo sé porque inclusive lo inculqué en mis hijos sin querer. Me ayudó a que crezcan con pocos vicios y al mismo tiempo yo veo que ellos lo transmitieron a sus propios hijos. Otra cosa que me parece un buen ejemplo que les dejo a ellos y a mis nietos, es que la vida no es los años que tenés, porque si pienso, para mí, una persona de 81 años ya es vieja, pero yo no me siento vieja, no sé. La edad pienso que deriva mucho de la cabeza. De ahí deriva tu físico. Que lo mandes a hacer fiaca panza arriba o a moverte y conquistar algo.

Y tener siempre una cosa para hacer, algo para conquistar. Es muy lindo despertarte a la mañana y decir “uh, dale apurate porque no llegas a tiempo a hacer esto y esto”, es divino.

Elisa Forti en Revista Desafios

"Mi meta no es ganar, es llegar". Elisa Forti.


-Terminar y decir… ¡Qué bien que lo hice!

-Por eso yo digo que es una droga. Pero una droga sana. Cuando andas con pajaritos porque pasó algo muy grave y necesitas desahogarte, yo por ejemplo cuando voy al río, me cuelgo en un árbol o voy caminando y llorando cuento mis penas, y vuelvo vacía. Vuelvo liviana. Sin haber pesado en nadie de mis hijos. Porque si la gente te ve pesada, te huye. Si puede te huye, sean amistades como familiares, en vez de buscarte.

-¿Qué te motiva a correr carreras tan exigentes?

-Ganarme a mí misma, sinceramente, probarme. Terminé el Raid y dije, por este año ya hice bastante. Asique no hago más carreras de aventura. Y justo Carolina me invita el lunes a ir a Córdoba el mes que viene, le digo: “Carolina, oíme, ¿estaré bien? Y me responde: “¿Y por qué ibas a estar mal?”. Ma sí, anotame, lo que hago, hago. Le dije, haceme todo y ya está. Si llego llego y si no me pararé a mitad de camino.

-¿Recordás tu paso de Italia a Argentina?

-En un principio fue un poco triste. Del lago di Como con montañas desembarcar en Buenos Aires fue un poco raro. Pero al mismo tiempo, no me quedó mucho de llorar sobre lo que perdí. Lucho más bien para gozar de lo que tengo hoy, que mañana no sé si lo voy a tener. No puedo pasar años enteros llorando por lo que perdí. Lo que tengo hoy lo tengo que apreciar porque no sé si lo tengo mañana. Esa es mi forma de vivir.

-¿Por qué a tus remeras de carrera le pones Niti y no Elisa?

-Hablo mucho de lo que perdí, de estúpida, pero hablo mucho de eso. Tengo una amiga de Italia que emigramos juntos, papa trabajaba en la fabrica del papa de ella. Cada uno hizo su vida, pero para mis hijos ella era la segunda madre. Éramos muy unidas. Tuvo un problema, falleció el esposo, después, ella. Una de las últimas frases que me dijo fue: “Elisa nunca dejes de correr porque te hace muy bien”. Y me regaló un collar. Yo cuando corro me pongo ese collar y el nombre de la remera en vez de decir Elisa dice “Niti”, el nombre de ella. Me siento acompañada por mi amiga (sonríe).

-¿Creés que se puede relacionar, salvando las distancias, una carrera de aventura con la vida?

-Cuando tenés a todos tus hijos criados, llegaste a la cumbre. Pasaste el arco. El famoso. Sí, lo podes decir porque es así.

Y a vos te felicito por ser joven y pensar y ver la forma así unida al sentimiento, no que es un desahogo físico. Sino que va unido al sentimiento.

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Autor Federico Cortes

Redactor y editor de Revista Desafíos.
Community manager de Revista Desafíos, FC Producciones, El Desafío Cross Trail y Maratón de Montaña.
Periodista.

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