RÉCORD ARGENTINO: 15 MARATONES EN 9 MESES

Carlos Andrada –Charlie para sus amigos–, se propuso que el 2017 no sea un año más en su vida. Cordobés, oriundo de Oliva, ciudad donde fue nombrado Embajador Nacional e Internacional del Deporte, es corredor hace ya 12 años –tres después de que se instaló en Buenos Aires, más precisamente en Palermo–. En noviembre del año pasado, en Mar del Plata, completó los 42 kilómetros de la #CarreraDelMar para cumplir su gran objetivo: 15 maratones en 9 meses. Ah, y por otro lado, recibir en su cuello la medalla número 300, algo que logró con dos carreras cortas, post Mar del Plata.

Carlos Andrada

Carlos Andrada, luego de finalizar la Maratón de Chicago 2017, la número 12 de las quince.


Por lo general, la distancia maratón (42,195 kilómetros) no es una distancia que cualquier corredor afronte y, mucho menos, más de dos o tres al año; y qué decir de quince. Médico que consultes, médico que dirá que es una locura. Empezando por Charlie; él es médico. Sabe más que nadie que lo que hizo no es normal y es perjudicial. El segundo en tener en claro que no está bien es su entrenador Marcelo Perotti, el primero en la lista de Charlie para pedir aprobación por cada locura deportiva. Ambos sabían que es algo que Andrada podía lograr.

“Reconozco que es algo que no está bien, estas cosas no se hacen, lo digo yo en mi libro [“Todo Running”, hoy agotado]. Hay que correr, como mucho, dos al año y una muy separada de la otra; el daño físico es muy grande. Hay microfibras musculares que se rompen y para repararlas tardás un mes. Yo he corrido tres maratones en dos semanas. Cuatro en un mes”.

El cuerpo le pasó factura: empezó con un dolor en el ciático en junio, después del Maratón de Rosario, y hasta hoy lo tiene. Hace fondos de más de una hora u hora y media y comienza el dolor. Además, en la Maratón de Chicago, los últimos cinco kilómetros no sentía el pie derecho, a causa de ese dolor que bajaba desde la cintura. Por esto y algunas cosas que no le sucedieron pero que podrían haberle sucedido, ni bien terminó con el récord, agradeció el numeroso apoyo de su running team ‘Correr Ayuda’, y les marcó algo: “no lo hagan”.

Personalmente para Charlie, esa factura no fue abultada. Si retrocedemos en el tiempo, nos encontramos con uno de los grandes motivos que lo impulsó hacia las quince. En septiembre de 2015 viajó a Italia para correr Tor des Geants, una carrera de aventura que consta de 335 kilómetros con 24.000 metros de altimetría. “Una paliza”, describe. En esa carrera se lesionó las rodillas, al punto de que lo tuvieron que bajar de la montaña porque no podía doblarlas. Una tendinitis que se volvió crónica por no tratarla. En lo posterior, corrió El Cruce [carrera de aventura dividida en tres días con un total de 100 kilómetros], algo que empeoró todo. Lo hizo en febrero, en marzo no se podía mover. Con mucho dolor, no podía bajar las escaleras, caminaba sufriendo, iba a entrenar con sus amigos y se escondía detrás de los árboles para que no lo vean con lágrimas en los ojos por la bronca, no sólo por no poder correr, sino porque volvía de ver, cada día, a un médico distinto, pero con el mismo discurso:

“Flaco, no corras más, dedicate a otro deporte; si seguís corriendo te vas a hacer mierda”.

Golpeó la puerta de muchos especialistas del país, ‘los mejores’, remarca, y todos estaban de acuerdo: su vida en el running no tenía futuro. Algo que él no estaba dispuesto a aceptar. De alguna forma le tenía que encontrar la vuelta. Y la encontró en Gustavo Ríos y en su tratamiento que es similar al que se hizo Nadal y Cristiano Ronaldo, que tuvieron la misma lesión que él.

Sabía que había una manera, ¿pensaba no correr más? No, ni en pedo. Quiero correr 20 ó 30 años más”.

Hay otra razón por la que se animó a las quince, un poco opacada por la anterior, pero está, y Charlie la tiene bien clara: “Tiene que ver con mi forma de ser. Está en mi esencia ser así, hacer cosas distintas que van por afuera de lo que hacen las demás personas, ni mejor ni peor que nadie, sólo distinto. Pero en el sentido de que veo que hago lo que no hacen los demás, nada más allá de eso. Lo que a mí me gusta no es lo que le gusta a los demás”.

Cuando le dijeron que no podía volver a correr el mundo se le vino abajo. Luego del exitoso tratamiento, cuando le dijeron que podía volver a hacer lo que más le gusta, revivió. Como no podía correr en montaña, por los descensos, rescató su vieja idea del récord. Quería sentirse pleno de nuevo. Y hay una frase que encuadra bien este espíritu del récord: “La idea no es vivir para siempre, es crear algo que si lo haga”. Frase de Andy Warhol, frase que Charlie llevó como bandera para lograr las quince.

No estamos en esta vida para vivir para siempre, nadie vive para siempre, pero podemos hacer cosas que sí lo hagan. Esto de que yo haya hecho un récord argentino es algo que queda para siempre, en una ciudad tan chica como la mía, que somos quince mil habitantes, es algo que repercute y sale en todos lados. El 23 de diciembre recibí el premio al Mejor Atleta del Año, por tercera vez, y al Deportista de Oro 2017; pero no lo hago para que vengan y me digan qué grande que sos. No me interesa. Que me digan te felicito, la verdad los huevos que pusiste, es más que suficiente. No lo hago para opinión de los demás”.

Carlos Andrada

Reconocimiento al esfuerzo, en Oliva, su ciudad natal de Córdoba.


3 meses después del tratamiento

Volvió a correr una carrera a mitad del 2016. Completó la Maratón de Venecia con algunos dolores que le generaron la incógnita de si podría completar las quince. Charlie quería sentir que realmente podía correr. Así fue que seis meses después del tratamiento, y tres después de Venecia, comenzó una carrera que terminaría, nueve meses después, en “la Feliz”.

Comienzo de las quince

Arrancó en Miami, el 27 de enero de 2017. Siempre le preguntan si va a escribir un libro sobre esto. No lo sabe, lo que sí sabe es que, de ser así, lo empezaría con su primer anécdota –hay otra detallada más abajo, pero dudo que le interese arrancar con esa–: “llego dos días antes al aeropuerto de Miami, entro al baño y había música funcional, me lavo la cara, me miro en el espejo, con la idea de que había dicho quince maratones pero no era consciente de lo que iba a hacer, no sabía si lo iba a poder completar; me miro y sonaba una música muy de mi época, muy noventosa, ochentosa, Bonnie Tyler, “I Need a Hero”, y dije: ‘esta historia va a necesitar un héroe, acá voy a tener que poner muchísimo huevo porque lo que estoy por hacer es una locura’. Y ahí empecé”.

La otra anécdota no lo tiene a él ni como protagonista ni como héroe. En un momento de la carrera, corrió unos kilómetros con una de las chicas que estaba en su running team y que se había ido a vivir a Miami. Mientras charlaban empezaron a notar algo raro. Bah, mejor dicho, a oler algo raro. Cuando se preguntaron qué sería, los pasa por al lado una mujer de aproximadamente unos 50 años en calza blanca, pero con un detalle: tenía una marca marrón atrás. “Era un olor hediondo, vos te dabas vuelta para verla por el olor. Pobre mina, qué momento. El problema aparte era, ¿qué hacer? ¿abandonar? De cualquier manera te iban a ver, u oler”.

Después, a la semana, corrió una en Florida, que es cerquita de Orlando. Ahí fueron las dos primeras. Aprovechó que estaba cerca e hizo dos en una semana. No le dolían las rodillas, ahora seguimos, pensó. Alguna molestia durante las carreras tuvo, porque la mayoría tenían desniveles, pero casi ni se preocupó por las rodillas. Se preocupó más por el ciático en las últimas cinco o seis, antes, en las dos o tres primeras se le acalambraban los aductores, la de Mendoza la fue a correr con un tendón de Aquiles que estaba a la miseria, dolorido y con ampollas.

Carlos Andrada

Maratón de Florida, segunda en la lista de las quince.


¿Llegó un momento en el año que los 42 kilómetros se te volvieron un fondo de fin de semana?

Sí, la verdad que sí. Cuando terminé de hacer las quince maratones, el otro objetivo que tenía en el año era llegar a las 300 carreras. Con la última maratón, llegué a las 298 y después hice dos carreras más acá de 5 kilómetros como para llegar a las 300 y ahí corté. Por varios meses no vuelvo a correr una. Corrí la de 5k y fue como empezar y… ¿Cómo? ¿ya está, ya se terminó? Todo el año corriendo horas y ¿es esto? ¿Ya está? Quedás como en velocidad crucero. Tu cuerpo sabe que tenés que hacer tanto y lo hacés. De hecho, entrené de forma muy distinta. Mi idea original era correr la primera en algún tiempo X y a medida que pase el año seguramente las iba a correr más rápido, voy a ir ganando el estado, pero todo lo contrario. Porque el entrenamiento entre carrera y carrera no era entrenamiento de pasadas como mis compañeros, era mantener un ritmo tranquilo. Era más una recuperación para la próxima carrera”.

La idea de Carlos Andrada fue hacerlas por debajo de las 4 horas. Su entrenador le recomendó: “hacelas todas a ritmo fondo, búscate una o dos para hacer tiempo”. Su plan, debido a algunas lesiones, se modificó un poco en las últimas dos carreras.

Me ponía el piloto automático y chau, iba. Cuando vos corrés una maratón lo hacés para bajar los tiempos, te preparás exclusivamente para esa carrera, yo acá no me preparaba para una, yo sabía que cada una era una parte de un todo. Entonces es distinto, la cabeza te funciona diferente. Cuando hacés una maratón, ese día sabes que te jugás el año, tu año deportivo. Y yo tenía 15 carreras en 9 meses. Lo pensás de otra manera, tu cuerpo y cabeza funcionan de otra manera. Vas mucho más relajado en el sentido de que no tenés que hacer tiempo. Al contrario, en las primeras me pasaba de no puedo ir más rápido. No quiero ir más rápido para no lesionarme”.

La que más sufrió…

Fue la de Mar del Plata –la última–, por muchas razones: desnivel, viento en contra, cansancio físico y mental. Hasta piensa que estuvo de más. Su cabeza ya no estaba disfrutando.

Fue tremenda, estaba pronosticado que no iba a hacer calor, cuando larga se abre el cielo y un calorón terrible. Hicimos 10k y se nubló todo, viento, lluvia, una carrera que pasó de todo. Pero no fue la más dura, fue la más dura para mí por la locura que había hecho”.

La más dura fue la de Washington, la de los Marines. La mitad de la carrera es desnivel. “Y desnivel groso”, describe. “Largás y a los 200 metros hay una subida que tenés que caminar. ¡Y te agita eso! Tenés que correr una maratón y arrancás así, hasta el kilómetro 10 es subida y bajada, encima también hizo calor, 25 grados, que para una maratón es mucho. Complicada. Fue la más dura de todas en cuanto a recorrido, altimetría, y encima fue la tercera en tres semanas porque había corrido Chicago y Milwaukee antes”.

Carlos Andrada

Maratón de los Marines, Washington, la número 14. Tercera maratón en dos semanas.


La más peligrosa…

Después de correr Chicago –la número 12–, se sube, con el sol de despedida –no lo volvería a ver por unos días–, a un tren de hora y media para llegar a Milwaukee. Baja y diluvio. Viernes y sábado. El pronóstico no era para nada positivo, la podrían haber suspendido tranquilamente. Media hora antes de la carrera para de llover, estaba anunciado que no iba a llover durante la carrera pero que iba a haber viento. Se fue la lluvia –por unos momentos– y su lugar lo ocupó un viento huracanado en contra de los corredores. “¡Eh! ¡Messi!”, le gritan cuando le ven la remera con los colores de Argentina. Se ponen a charlar y a la vez se le suman dos mujeres atrás para que le cortasen el viento porque era imposible avanzar, sumaban kilómetros y la cola de personas, una atrás de otra, era cada vez más grande.

En otra parte, pasábamos como por una especie de bosque que nos hacían desviar porque se veía que se iban cayendo los árboles… ¡Los árboles! Cuando estoy en el kilómetro 17 ó 18, iba con el flaco y las dos minas atrás, de la nada escuchamos un ruido muy fuerte, miramos, y atrás nuestro se había caído un árbol gigante. Pasábamos cinco segundos antes y directo a la cabeza. Podrían haberla suspendido tranquilamente”.

La sorpresa…

Le tuve mucho cariño a la de Mendoza. Se larga de allá arriba, creo que es Potrerillos, y llegás hasta la ciudad. Esa me gustó. Me invitó el organizador. Mendoza es una provincia muy linda”.

De las quince, la de mayor carga histórica…

Roma no es una carrera que recomiendo para hacer tiempo, todo lo contrario. Vos largás con el Coliseo romano al lado tuyo y hacés una u. Se achica todo y tienen que pasar más de mil corredores, te frenás inevitablemente. No está bueno por el tiempo, pero son los estímulos visuales: ‘mirá por dónde estoy corriendo’, pensás. En un momento dado vas por un barrio y salís al medio de la calle y tenés el Vaticano gigante adelante tuyo. La gente se pone a gritar, a persignar, a sacar los celulares y sacar fotos, se desesperan, tenés la Plaza San Pedro adelante tuyo. Impacta mucho”.

Una carrera impactante, pero que estuvo a muy poco de perdérsela. De Buenos Aires a Roma, tardó 45 horas. Como el vuelo era combinado, primero hacía Miami, después Nueva York, París y por último Roma. Llega a Nueva York con el cielo negro. Le dan la opción de quedarse una noche ahí, pero eso hacía que pierda la entrega de kits, y por lo tanto la carrera. Vuela en un viaje directo a Londres, él quería, por lo menos, estar en Europa. Él llega 8 am, sus valijas siguen para París. “Por suerte, ¿viste esas cosas que te caen del cielo?”. Bueno, una chica rumana, que hablaba español no sólo lo ayudó con el tema de la valija, sino que le sacó, desde su celular, un low cost hacía Roma. Llegó doce de la noche, no pudo retirar el kit, pero sí lo pudo hacer Bárbara Zambrini. “Es el día de hoy que le agradezco”. Charlie llegó 45 horas después, cansadísimo y sin comer nada. En el hotel la cocina estaba cerrada, lo único que pudo hacer es comer un pan de pizza de una panadería aledaña. Cinco horas después se encontraba corriendo la Maratón de Roma, con los tobillos como dos pelotas por la retención de líquidos.

Carlos Andrada

“Alcanzar un récord nacional no es algo que conquista uno solo”, publicó Carlos Andrada en redes.


La más divertida…

La más divertida fue la de Chicago porque es una Major [una de las 6 maratones más importantes del mundo], tenés un millón de personas alrededor tuyo que constantemente te están alentando, las bandas de música, tenés una cosa así muy para los sentidos. No te caes nunca”.

Chicago es la ciudad de Michael Jordan, reconocido basquetbolista. En un momento dado, allá por el kilómetro 30, le dan una banana, come la mitad, y la otra no la quería tirar al piso por si se resbalaba otro corredor. Durante el trayecto había visto, del otro lado de la calle por donde corría él, unos tachitos chiquitos. Los vuelve a mirar, apunta a uno y, sin dejar de correr, tira. Emboca de una, a lo que la corredora que tenía al lado le grita, entre risas y después de observar toda la secuencia: ¡Michael!

La más emotiva…

Fue sin dudas la de su provincia. La Maratón de Carlos Paz es la que “más cariño” le tomó. “Nunca había corrido una maratón en mi provincia; tiene subida y bajada, es una carrera de montaña, pero sobre asfalto. Es lindísimo el circuito, corrés alrededor de sierras, tenés el lago alrededor, y, encima, me estaba esperando mi familia. Llegué y estaban mis viejos y mis sobrinos. Terminar una maratón y que estuviesen ellos ahí fue emocionante, nos quedamos haciendo un picnic al lado del lago”.

La soledad del corredor…

Esa experiencia tan emotiva la volvió a vivir solo una vez dentro de las quince, en Mar del Plata. Llegó, con lluvia y un cansancio físico y mental inigualable, ya quería dar por terminado el récord y esa última lo había vapuleado. Llega, se arrodilla en el piso y llora desconsoladamente, en eso, aparece Luis Muñoz, compañero de Correr Ayuda, que había terminado media hora antes y se quedó esperándolo. Lo sorprende, lo levanta y los dos se funden en un abrazo eterno. “Yo decía, puta, si no hubiese tenido ese abrazo, había que contenerme en ese momento. Fue todo lo del año, todo lo de la lesión, todo lo que paso antes, fue cargarlo ahí en esos segundos finales”.

Uno de los mayores placeres después de cruzar el arco en una maratón –según dicen los que realizan esta distancia–, es abrazar a algún amigo, a tu entrenador, a tu novia, a tu esposa, a tus hijos; a cualquier persona que le tengas mucho afecto, para descargar todo el cansancio, el esfuerzo, para disfrutar lo logrado, pero de forma compartida. En el caso de Charlie, muchas de las carreras, al ser en otros países, las terminó sin tener a esa persona importante para abrazar. Avión, retiro de kit, hotel, desayuno, ir caminando, correr –con las llaves encima–, terminar, volver al hotel, dormir siesta y despertarse. Todo esto, en la mayoría de las quince, lo hizo solo.

La soledad del corredor como dice Murakami en su libro, es un poco eso. La melancolía del corredor. Pienso, una vez terminado todo esto, que, en vez de hacerlo solo, me hubiera gustado estar casado y tener hijos, y que estén esperándome ahí en la llegada para compartir una comida en donde les pueda contar la carrera. Y no. Después de la siesta, me levantaba y nada. No hay nadie, sólo el celular. Esas son las únicas cosas que pienso que de otra manera funcionarían mejor”.

Mientras realizabas alguna carrera, ¿se te vino a la mente la frase de los médicos? ¿De que no ibas a poder volver a correr?

No porque traté de correr en positivo. Nada negativo, nada de revancha. O, tomá para vos que pensaste que no lo iba a lograr, o vos que estás deseando que me pase algo, en ningún momento tuve el pensamiento negativo, ni de revancha, ni de ‘miren cómo sí puedo hacerlo’. Creo que uno el deporte lo tiene que vivir de esa manera, de forma positiva y para uno. Si estás pensando en el otro lo disfrutás menos, rendís de otra manera. Yo creo que todos los deportes los viví así. Vivirlo de otra manera es un concepto equivocado. Uno dentro del deporte vuelca lo que es uno como persona, si vos tenés esos pensamientos cuando se supone que estás disfrutando, me parece que sos un poco jodido y que te manejás de esa manera”.

¿Qué rondaba por tu cabeza a lo largo de las quince?

Cuando vas jugando con tu cabeza con tanto estimulo visual y con tanta adrenalina a flor de piel con todo lo que estás haciendo es como que creás nuevos caminos en tu cabeza. ‘Esto me gustaría más, me gustaría estar en contacto con personas que hace mucho no veo, acercarme a ellas’, o ellas mismas a través de esto se dieron cuenta, gente que hacía años que no me contactaban y me hablaron para felicitarme por lo que estaba haciendo. Creo que todo este tipo de cosas tienen su costado positivo para uno, y para con las demás. Para la persona que te quiere bien, y que vos querés bien. En muchos sentidos estuvo bueno y fue positivo. Uno abre la cabeza para otros caminos. Hay trayectos que estás solo y pensás un montón de cosas. Te agarra una cosa de filósofo”.

Después de tantos y tantos kilómetros, por tramos, la cabeza le flaqueó. En esos momentos, en donde la energía no abunda, él la tomaba de sus afectos. “Había gente esperando que publicase que terminé. Que esté bien, que mande foto. Tanto mis amigos como mi familia allá en Córdoba, que lo vivieron y sufrieron a la distancia. La cabeza me funcionaba de esa manera, yo tenía que llegar porque allá estaban esperando noticias mías. Vos sabés que no estás solo, que hay mucha gente detrás; más que correr por mí, por mi objetivo propuesto, corría un poco por los demás”.

Carlos Andrada

Felicidad absoluta. El récord estaba en camino.


RÉCORD ARGENTINO… LOS NÚMEROS

  • 31.250 millas de vuelo 
  • 633 kilómetros corridos 
  • 294 días 
  • 50 los minutos en el viaje más corto (Buenos Aires – Mar del Plata) 
  • 45 las horas en el viaje más largo (Buenos Aires – Roma) 
  • 37 los geles ingeridos 
  • 20 los aviones tomados 
  • 18 hoteles 
  • 15 maratones 
  • 9 trenes 
  • 8 países visitados 
  • 6 bondis 
  • 5 pares de zapatillas 
  • 4 récords totales 
  • 3 barcos 
  • 2 top ten en categoría 
  • 1 récord argentino actual

LAS MARATONES

Miami, Florida, Roma, París, Montevideo, Mendoza, Porto Alegre, Rosario, San Juan, Carlos Paz, Punta del Este, Chicago, Milwaukee, Washington y Mar del Plata.

MÁS INFORMACIÓN:

Sitio Web:  www.carlosandrada.com

Autor Federico Cortes

Federico Cortes
Redactor y editor de Revista Desafíos. Community manager de Revista Desafíos, FC Producciones, El Desafío Cross Trail y Maratón de Montaña. Periodista.

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